martes, 21 de agosto de 2007

CHINA. El lenguaje de las señas

Se cierran las puertas de un avion y al volver a abrirse todo es diferente. Las costumbres, los olores, los colores. Las maneras de andar, de esperar, de comer, de comunicar. Es difícil alejarse de las propias costumbres para juzgar las de otra cultura. Con mi mirada occidental me sorprendí, con cierto horror por momentos, de las diferencias que nos separan. Sobre todo en lo que se refiere a las formas de comer y a la higiene.
Tratar de entenderse con los chinos se torna una gestión ridícula y graciosa la mayoría de las veces. Me vi moviendo las manos imitando a un avion para intentar llegar al aeropuerto y después rogar que me estuvieran llevando al lugar correcto. (Mmm... no era más fácil mostrar el billete? jaja)
Lo que está claro es que somos distintos y tantas diferencias hacen que sea un viaje super interesante.
Beijing... Enorme, moderna y antigua a la vez, la cubre una capa gris de humedad y polución. Muchas bicis, mucho caos urbano, muchas bocinas sonando a la vez. En contraste encontrás enormes parques, gente alegre que canta y baila sin inhibiciones.
La muralla china... Impresionante. Ni en los libros ni en las fotos percibí lo que viví estando allá. Dali... Un pueblo muy bonito con cotumbres muy raras. Lijiang.... Naranja, como en un cuento...
La Garganta del Tigre... Vistas increíbles como enormes escenografías con nubes descansando sobre las montañas. Ni la lluvia empañó esos días de trekking. Lejos lo mejor del viaje.